Hace una semana llamaban a la policía para que Pogačar pudiera subir al bus; hoy no hay nadie
Matxin alarga el desayuno solo en un hotel de Lorca. En el autobús siguen los muñecos rojos de los días en que ganaba.
Matxin desayuna solo en un hotel de Lorca. El café es la excusa para no levantarse todavía.
El director del UAE tiene cara de tristeza y nadie enfrente. Al salir, los camareros le desean suerte en la etapa. Suerte fue precisamente lo que faltó camino de Xeraco.
Lo que sigue estando ahí
En el hotel hay vehículos del equipo por todas partes: media docena de coches, otra media de furgonetas, tres camiones —uno enorme— y el autobús algo más lejos.
Dentro del autobús siguen los torillos: los muñecos vestidos de rojo que recibe el líder de la Vuelta cada día que sube al podio.
Son los que ganó Pogačar en los días en que animó la carrera. Antes del accidente.
Lo que ya no está
Hace una semana hubo que llamar a la policía.
No por miedo a nada absurdo, sino porque la gente se colaba para ver al esloveno y fotografiarse con él, y hacía falta que los agentes abrieran un pasillo. De otra forma era imposible que Pogačar llegara al autobús del equipo.
Ahora no hay ni un alma en el horizonte. Ni niños en la puerta del hotel.
Lo que queda
El UAE sigue en estado de shock. Nada ha vuelto a ser lo mismo.
De lo que fue a lo que pudo ser hay una diferencia enorme, y cabe entera en un tropezón en una carretera valenciana.