En Mónaco, por una vez, para mirar no hay que pagar: la Vuelta sale del Principado
Las calles donde se corre la Fórmula 1 son las mismas: la horquilla del Fairmont, el túnel Louis II, la Rascasse. Los carteles avisan de acceso libre.
Pocas cosas sorprenden en Mónaco. El lujo se da por descontado, aunque la capacidad de asombro se ponga a prueba ante tanto deportivo y, sobre todo, ante el tamaño de los megayates del Port Hercule. Allí el único músculo hercúleo que se exhibe es el financiero.
Y sin embargo el Principado ofrece una paradoja curiosa: uno se siente extrañamente familiarizado dentro de un escenario tan exclusivo.
Porque las calles no son calles
Son curvas conocidas. La horquilla del Fairmont. La entrada al túnel Louis II. La chicane del puerto. La Rascasse.
Mónaco ha construido buena parte de su imaginario deportivo alrededor de un circuito que, durante un fin de semana al año, convierte cada balcón en tribuna y cada metro cuadrado con vistas al asfalto en un producto de lujo.
El sábado, gratis
Llega la Vuelta a España, y los carteles repartidos por la ciudad recalcan algo que en cualquier otro sitio no sería noticia: acceso libre al Grand Départ.
En una carrera ciclista, mirar desde la cuneta es lo normal. En Mónaco, decirlo por escrito tiene sentido.
Es la diferencia de fondo entre los dos deportes que comparten ese asfalto. Uno cobra por la vista. El otro pasa por delante de tu casa.
Y la gran joya de la salida es Tadej Pogacar.