140 milésimas entre un accidente grave y nada: los reflejos de Hülkenberg a los 39
Aceleraba en la curva final y se encontró a su compañero trompeando delante. "Fue aterrador."
Hay un tipo de accidente que en la F1 asusta más que cualquier otro: el de un coche que acelera a fondo contra otro parado en medio de la pista.
Chocar contra las barreras no es el problema. Los monoplazas actuales son durísimos y las protecciones absorben una barbaridad. El problema es el impacto entre dos coches igual de duros cuando uno de ellos no se mueve.
Lo que pasó en Zandvoort
Nico Hülkenberg empezaba a acelerar a fondo en la curva final, antes de la recta de meta.
Justo delante presenció el trompo de su compañero en Audi, Gabriel.
Lo evitó por 140 milésimas.
“Fue aterrador.”
Por qué el dato importa
Dicen que los reflejos son de las primeras cosas que se pierden con la edad. Hülkenberg tiene 39 años.
Y no fueron solo reflejos: fue una lectura perfecta de la situación, que es exactamente lo que da la experiencia y no da la juventud.
Los dos elementos tuvieron que coincidir. Reaccionar rápido sin entender qué está pasando no sirve de nada a 300 km/h.
El contexto
Un piloto de F1 tiene que sostener casi dos horas de exigencia física y mental viajando a más de 300 por hora.
Los reflejos son uno de los pocos apartados donde la biología, en teoría, juega en contra de los veteranos. En Zandvoort ese apartado salvó una carrera entera.