Ye no bajó de la esfera en toda la noche: así fue su vuelta a España veinte años después
65.000 personas en el Metropolitano y un artista que se pasó el concierto entero a treinta metros del suelo, sin pisar la misma superficie que su público.
El dato que mejor resume el concierto no es la asistencia ni el repertorio. Es que Ye no bajó en toda la noche.
Se pasó el concierto entero subido a una esfera terrestre de casi treinta metros levantada donde debería estar la pista del Riyadh Air Metropolitano. Nunca pisó el mismo suelo que las 65.000 personas que habían pagado por verle.
Veinte años después
Era su vuelta a España dos décadas más tarde. Desde allí arriba recorrió los grandes éxitos de una carrera que lleva ya tres décadas.
Abrió con ‘KING’, lo cual ahorra cualquier análisis sobre el tono de la velada. Ye nunca ha tenido interés en la sutileza: su lenguaje es el de las declaraciones absolutas, y la puesta en escena las traduce sin filtro. Antes de que sonara la primera nota, una voz anunciaba un nuevo amanecer y proclamaba que la naturaleza había elegido a su rey.
Lo que dice el montaje
Un escenario también argumenta. Y este argumentaba algo muy concreto: un hombre elevado, solo, separado físicamente de todos los demás, de pie sobre una representación del planeta.
No es una metáfora que haya que buscar. Es la escenografía diciendo en voz alta cómo se ve a sí mismo.
La pregunta que nadie resolvió en el estadio
Y por debajo latía la incomodidad de siempre: hasta dónde puede llegar la admiración por un artista cuando su conducta pública contradice lo que uno está dispuesto a defender.
El concierto no la responde. Al contrario: la escenografía la subraya, porque un espectáculo construido sobre la idea del rey elegido no deja mucho margen para separar la obra del hombre.
Sesenta y cinco mil entradas vendidas son, también, una respuesta. Solo que no está claro a qué pregunta.