Condenaron 'The Shards' antes de que existiera: bastó con leer el nombre de Ryan Murphy
No había episodios, solo unas fotos promocionales. Y ya estaba el veredicto de buena parte de los lectores de Bret Easton Ellis.
Antes del estreno en Disney+ no había episodios disponibles. Había unas cuantas fotografías promocionales y un nombre asociado al proyecto: Ryan Murphy.
Para buena parte de los lectores de Bret Easton Ellis, eso fue suficiente.
El temor
Que una de las novelas más íntimas, extensas y ambiguas del escritor acabara convertida en un thriller adolescente excesivamente sexualizado y explícito.
Y las primeras imágenes parecían darles la razón: jóvenes de belleza casi irreal, mansiones de Beverly Hills, coches de lujo, cuerpos bronceados y una estilización perfectamente reconocible.
Es decir, exactamente el repertorio visual con el que Murphy lleva quince años trabajando.
La discusión de fondo
Lo interesante es que el debate no va de si la serie es buena o mala. Va de tres preguntas que la preceden:
Quién controla una adaptación. El autor de la novela, el showrunner, la plataforma.
Cuánto puede transformarse un libro sin dejar de ser ese libro.
Y qué ocurre cuando la ambigüedad de Ellis entra en contacto con el espectáculo visual de Murphy. Porque son dos maneras opuestas de contar: uno construye sobre lo que no se dice, el otro sobre lo que se ve.
Esa colisión estaba en el proyecto desde el minuto uno, y es lo que hace que las opiniones sigan divididas incluso entre quienes ya la han visto.