Un Robin Hood asesino que espera a que vengan a matarle
Hugh Jackman mata a hombres, mujeres y niños en los primeros veinte minutos. Después la película se vuelve otra cosa durante hora y media.
Michael Sarnoski, el director de ‘Pig’ y ‘A Quiet Place: Day One’, le da un giro sombrío a la leyenda.
Su Robin Hood, interpretado por Hugh Jackman, es un criminal asesino cuya historia acabó torcida sin que él lo pretendiera hasta convertirlo en héroe.
El planteamiento
Viejo y cansado, espera en las montañas a que lleguen los familiares de la gente a la que mató buscando venganza. Los mata a todos, mientras desea que alguien le conceda una “buena muerte”.
Casi la consigue cuando resulta gravemente herido peleando junto a Little John (Bill Skarsgård). En vez de eso lo llevan a un priorato, donde lo cuida una priora bondadosa (Jodie Comer).
Mientras sana, se enfrenta a lo que ha hecho y considera la posibilidad de un final noble.
Lo que hace bien y lo que le pesa
Sarnoski no se contiene al demoler el mito: en los primeros veinte minutos vemos a Jackman matar a hombres, mujeres y niños de maneras siniestras.
Es una forma eficaz de dejar clara la tesis. El problema llega después: los noventa minutos siguientes son una pieza de personaje mucho más introspectiva, y el salto de tono resulta incómodo.
Lo que la sostiene
Una interpretación descomunal de Jackman, con Skarsgård —siempre excelente— acompañando.
Irregular, sí. Pero pocas veces se ve a una estrella de ese tamaño aceptando un papel construido para que el público no quiera estar de su lado.