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Sábado, 5 de septiembre de 2026

En portada Tres balones a la madera, un penalti fallado y un gol anulado por centímetros

Cultura

La cineasta que hizo un corto sobre una coordinadora de intimidad adicta al sexo

Louisa Connolly-Burnham lleva veinte años delante de la cámara y ahora reescribe la fórmula del cortometraje desde detrás.

R Redacción
Film crew set shooting in the Nairobi Railways
Film crew set shooting in the Nairobi Railways Foto: Cecimercy Wanza(Ceci) · CC0 · Wikimedia Commons

Dos esposas mormonas lesbianas destrozando una berenjena para la cena. Con esa imagen basta para entender que Louisa Connolly-Burnham no está haciendo lo mismo que los demás.

Lo que aparece en sus cortos

Una coordinadora de intimidad adicta al sexo. Estudios sin concesiones sobre el consentimiento, sobre la discordancia entre la excitación física y el deseo, sobre la autonomía del cuerpo femenino.

Son temas que en el cine largo se tratan de puntillas y que en su obra ocupan el centro.

Dónde estaba antes

Debutó en 2012 en ‘Wolfblood’, la serie juvenil de fantasía de la CBBC. Su carrera como actriz se extiende a lo largo de casi veinte años.

Ese recorrido delante de la cámara importa aquí más de lo habitual: quien ha trabajado dos décadas como intérprete conoce de primera mano cómo se ruedan las escenas íntimas y quién decide qué se ve.

Lo que está haciendo con eso

Su proyecto, ‘KULT’, apuesta por narrativas lideradas por mujeres tanto delante como detrás de la cámara.

El cortometraje es el formato donde eso resulta más fácil de intentar y menos rentable de sostener. Que su trabajo esté arrasando en ese circuito es la parte que puede acabar cambiando algo.

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