Un Robin Hood sin alegres compañeros: Hugh Jackman cambia la camaradería por la melancolía
Michael Sarnoski firma una versión más oscura y violenta de la leyenda más reciclada de Inglaterra. El ritmo falla, el personaje no.
Robin Hood es una de esas propiedades que se reinventan, se revisan y se reciclan cada pocos años. Del dibujo animado de Disney al musical, pasando por todas las versiones intermedias.
Así que la primera reacción ante otra película es legítima: ¿hace falta?
Lo que la diferencia
Esta es más oscura y más violenta que cualquiera de las anteriores. Michael Sarnoski entrega una lectura sombría de la leyenda, y Hugh Jackman interpreta a un forajido curtido que ha cambiado a los alegres compañeros por la melancolía.
Es, sencillamente, distinta a lo visto hasta ahora con este personaje.
Lo que falla
El ritmo. Es un problema difícil de ignorar y lastra el conjunto.
Lo que funciona
Lo que Sarnoski hace bien lo vuelve a hacer bien aquí: un estudio de personaje convincente, sostenido por secuencias de acción que sí funcionan.
Su cine siempre ha ido de eso, de mirar de cerca a alguien roto mientras alrededor pasan cosas grandes. Que aplique ese método a una leyenda que normalmente se cuenta desde el heroísmo colectivo es lo que justifica la película.